La Mal Llamada “Guerra del Fútbol”
En julio de 1969, El Salvador y Honduras se enfrentaron en una guerra de cien horas que la historia bautizó como “la guerra del fútbol”, aunque el balón fue solo la chispa de un conflicto mucho más profundo.

Julio de 1969. Mientras los Estados Unidos cogían la delantera a la Unión Soviética con la llegada del primer hombre a la Luna, en Centroamérica se libraría un corto pero intenso conflicto bélico entre El Salvador y Honduras causado, según algunos, por el fútbol.
La realidad es que ambos países habían constituido una enemistad creciente en las décadas anteriores, forjada, fundamentalmente, por una desigualdad en el régimen de propiedad de la tierra y los consecuentes problemas de superpoblación salvadoreña o una disparidad de opiniones en los últimos acuerdos económicos centroamericanos, que acrecentaron el sentimiento antisalvadoreño en Honduras.
Con todo, la situación se agravó cuando ambas selecciones se tendrían que medir las caras en la lucha por un puesto en el Mundial de Fútbol de 1970, celebrado en México. Fue justo en esta eliminatoria donde las tensiones sociopolíticas que restaban en el ambiente acabaron por explotar de forma claramente violenta: más allá de la cancha, se daría un “toma y daca” entre los aficionados y jugadores de ambas naciones, que se acabaría por resolver el 27 de junio en el Estadio Azteca, en el tercer y último encuentro. El Salvador venció por 3-2 a Honduras, y se quedaría con la plaza para participar en el campeonato más prestigioso del fútbol tras vencer a Haití en la siguiente ronda.
Sin embargo, gran parte del enfado del bando hondureño no se debió tanto a las agresiones sufridas en San Salvador como a las constantes faltas de respeto a sus símbolos nacionales, alcanzando su cénit con la ensordecedora silbada al himno hondureño, canalizada por la prensa hondureña y convertida en uno de los principales argumentos para el malestar y el incitamiento al conflicto. Ante esto, Honduras aceleró las expulsiones de inmigrantes salvadoreños, y El Salvador, por contra, lanzaría un ataque aéreo a los aeropuertos militares hondureños un 14 de julio para hacer una invasión bien organizada, con lo que Honduras contrataría a posteriori. Las acciones cesarían tras pasar cien horas gracias a la intervención de la Organización de los Estados Americanos.
Si bien el motivo de fondo nunca fue el deporte rey, el impacto que tuvo el argumentario de Ryszard Kapuściński en La guerra del fútbol acabaría calando en el imaginario colectivo, y el fútbol quedaría indisolublemente ligado a este episodio.
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